Myra Hindley: La asesina sádica de niños

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Myra Hindley: La asesina sádica de niños

Mensaje  crazygonpop el Lun Mayo 09, 2011 11:33 pm

Myra Hindley e Ian Brady conocidos como “los asesinos del páramo”.


Myra Hindley se convertiría en una de las mujeres más vilipendiadas del siglo XX. Nació el 23 de julio de 1942 en Manchester y fue la primogénita de Hettie y Bob Hindley. Debido a los problemas de adaptación que sufrió su padre al volver de la Segunda Guerra Mundial, Myra fue enviada a vivir con su abuela cuando tenía tres años de edad al nacer su hermana Maureen.

Durante su infancia, todos la consideraban una niña sensata, y al llegar a la adolescencia se convirtió en una canguro muy popular gracias a su sentido de la responsabilidad, tanto entre los niños que cuidaba como entre sus padres. Con 15 años, un acontecimiento la afectó profundamente: uno de sus amigos murió ahogado. Tanto la trastornó esta desgracia, que abandonó los estudios y se convirtió al catolicismo poco después.

A los 17 años, se comprometió con un chico de su misma localidad, Ronnie Sinclair, pero decidió que quería una vida más emocionante y acabó anulando el compromiso. Pensó en alistarse en la Armada o la Marina, buscar un puesto de au pair en los Estados Unidos, e incluso probó a trabajar durante un tiempo en Londres, pero ninguna de estas opciones pareció proporcionarle la emoción que buscaba. En enero de 1961 conoció a Ian Brady y… su vida cambió.

Ian Brady nació en un barrio desfavorecido de Glasgow el 2 de enero de 1938. Su madre, Peggy Stuart, estaba soltera cuando dio a luz e Ian nunca conoció la identidad de su padre. Peggy trabajaba de camarera y no podía permitirse una canguro, de modo que se veía obligada a dejar a Ian solo mucho tiempo. Terminó dándolo en adopción de forma no oficial cuando tenía solo cuatro meses; hasta que cumplió 12 años lo visitaba con regularidad, aunque nunca le dijo que era su madre.


Foto de policía de Ian Brady en 1966.
Brady era un niño solitario y de carácter difícil, a pesar de los esfuerzos de sus padres adoptivos. Siempre sufrió fuertes rabietas y le costó integrarse con sus compañeros. Desarrolló gran fascinación por la ideología nazi y por la obra de Nietzsche, a la vez que comenzó su carrera criminal con pequeños robos y otros delitos menores. Debido a este comportamiento, y para evitar ser recluido, tuvo que volver a vivir con su madre y su padrastro Patrick Brady con 16 años.

Intentó sentirse parte de su nueva familia tomando el apellido de su padrastro. Pero su mayor interés siguió siendo el Tercer Reich, así como la obra del Marqués de Sade y otros autores que escribían sobre el sadismo. Volvió a delinquir en poco tiempo y, como resultado, ingresó en la prisión de Strangeways a los 17 años. Allí se vio obligado a endurecer su carácter de forma considerable y adquirió conocimientos básicos de contabilidad.

Al salir de prisión, en noviembre de 1957, se convirtió en un joven aún más solitario. Pasó por varios trabajos esporádicos en los que realizaba tareas manuales, hasta que encontró un puesto de empleado de almacén en una empresa de Manchester. Allí fue donde conoció a Myra Hindley, que fue contratada como secretaria en 1961.

Hindley se sentía irresistiblemente atraída por Brady, en cuya actitud distante veía romanticismo e inteligencia. Durante un año, escribió en su diario sobre él y los intensos sentimientos que le profesaba, hasta que él mostró por fin algún interés por ella. La invitó a salir y pronto la hubo adoctrinado en sus extremistas ideas políticas; de hecho, en su primera cita, la llevó a ver El juicio de Nuremberg (¿Vencedores o vencidos?) y la animó a leer la obra de Hitler y del Marqués de Sade.

Brady era su primer amor, y no tardó en someterse a él: se vestía y peinaba para complacerlo, aceptó sus ideas políticas e incluso posó en fotos pornográficas. Alentado por la fe ciega de Hindley, Brady radicalizó sus ideas y terminó haciéndole creer que el asesinato y la violación eran “el súmmum del placer”.

Su familia y amigos se percataron del efecto que Brady tenía en ella; Myra se volvió cada vez más arisca y reservada. Brady quiso probar su lealtad fingiendo planear un robo; su satisfacción fue plena cuando comprobó que ella seguía todos los pasos necesarios para ejecutar el plan sin cuestionarlo. Brady se dio cuenta de que había encontrado a su alma gemela, que le ayudaría a hacer realidad las perversiones de dolor y placer con las que soñaba.

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