María del Carmen Rómbola: Mas del caso Sandra, la Gestora 2011

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María del Carmen Rómbola: Mas del caso Sandra, la Gestora 2011

Mensaje  crazygonpop el Lun Sep 05, 2011 12:07 am

Aqui una nueva investigacion acerca de la verdadera asesina, es muy reciente! aqui la noticia para que la chequeen!

Acusan a reconocida asesina de una serie de estafas con autos robados

Es María del Carmen Rómbola, condenada por matar, descuartizar y enterrar a su marido en 2003. Le imputan ser, en sus salidas transitorias, la cara de una banda que vendía autos robados.


El nombre de María del Carmen Rómbola trascendió las fronteras de la ciudad cuando el caso por el cual la condenaron a purgar 12 años de prisión se convirtió en el eje temático de un capítulo de la serie televisiva “Mujeres asesinas”. En agosto de 2003 había asesinado a su marido de tres disparos y después, con ayuda de un amigo, trozó el cadáver y lo enterró en una granja comunitaria. El paso del tiempo y su buena conducta en prisión hicieron que Rómbola empezara a gozar de salidas transitorias. Y esa libertad reducida fue aprovechada por la mujer para volver a delinquir. Según la nueva investigación, desde hace algunos meses ocupaba un rol importante en una banda que vendía en Rosario autos robados en Buenos Aires. Por eso la fueron a buscar a su lugar de detención y le avisaron que quedaba imputada de una serie de estafas denunciadas en al menos seis juzgados de Instrucción. Como era previsible, tras ello le suspendieron los beneficios de salidas.

La pesquisa que llevó hasta Rómbola se inició hace un par de meses a raíz de una serie de denuncias presentadas por vecinos que compraban autos de buena fe y en buenos precios que se ofrecían mediante avisos clasificados en diarios de la ciudad. Las citas entre compradores y vendedores se realizaban previos acuerdos telefónicos a un celular o línea fija que siempre eran atendidos por un hombre. Y siempre tenían lugar en espacios públicos o frente a edificios en los cuales los embaucadores fingían vivir. Así, se confeccionaban los papeles que Rómbola conocía muy bien por su anterior trabajo como gestora automotor y los compradores se iban contentos después de cerrar la operación con esa mujer, que no era otra cosa que la cara visible de la organización en todos los hechos.

Sorpresa. Pero al momento de hacer las transferencias o la verificación técnica vehicular, la estafa quedaba al descubierto. Es que los compradores de ley eran notificados de que las patentes de los autos adquiridos no coincidían con la del vehículo en cuestión, el cual generalmente era de una marca y modelo similar pero asentado en Rosario. Según explicó a La Capital la fiscal Marcela Canavesio, responsable de la Oficina Judicial de Causas con Imputados no Individualizados, usualmente llamada Fiscalía NN, “toda la documentación entregada a los compradores estaba realizada en soporte papel legal, por lo que parte de la investigación tiende a saber si la banda tenía connivencia con algún Registro de la Propiedad Automotor o esa documentación era provista a partir de algunos de los asaltos a camiones del Correo Argentino que suelen traer ese tipo de papeles a la ciudad”.

Así las cosas, cuando los compradores trataban de dar con los vendedores se topaban con que los domicilios dados por éstos eran inexistentes o que allí no residían. Y no les quedaba otra posibilidad que perder los autos adquiridos, que eran secuestrados por la policía en el marco de la investigación, olvidarse del dinero pagado y presentar la denuncia correspondiente.

Según voceros judiciales, hay al menos una decena de presentaciones realizadas en los juzgados de Instrucción 1ª, 2ª, 3ª, 7ª, 10ª y 12ª, todas las que se fueron acumulando en la fiscalía de Marcela Canavesio, quien en los últimos días condujo una decena de allanamientos en busca de material probatorio y los demás integrantes de la banda.

Allanamientos. Entre los procedimientos que se efectuaron, los voceros dijeron que se llegó hasta la casa de Rómbola, en Tradición al 1800 de Funes, donde se secuestraron varias agendas telefónicas, ropa de mujer muy particular como la descripta por las víctimas de las estafas y varios chips de celulares que serían utilizados por la sospechosa para sus contactos con los incautos compradores de vehículos.

En tanto, los mismos voceros manifestaron que buscan al menos a “7 u 8 personas que serían parte de la banda en Rosario” y que ya empezaron a trabajar con sus pares de Buenos Aires y Córdoba a partir del secuestro de cuatro o cinco vehículos que tenían pedido de captura por haber sido robados en esas provincias en hechos de hechos calificados (a punta de armas de fuego). “Entre los autos rescatados hay una camioneta Ford Ranger, un Suzuki Swift, un Volkswagen Bora y una 4x4”, dijo una fuente de la pesquisa.

Hasta Rómbola se llegó “después de entrecruzamientos telefónicos, seguimientos vehiculares e informes de las empresas de telefonía que indicaban las posiciones de los teléfonos denunciados por las víctimas como aquellos con los que hacían contactos para las operaciones”, dijo ayer la fiscal. Así pudieron detectar que una interna de la Unidad Penitenciaria 5 de Rosario que gozaba de salidas transitorias no era ajena a la maniobra y que muy cerca de ella, cuando se concretaban las operaciones, actuaba un hombre que está identificado pero prófugo.

El crimen famoso. La noche del 3 de agosto de 2003, Adolfo Godoy recibió tres disparos mortales tras una discusión que mantuvo con su mujer, la misma María del Carmen Rómbola, en la vivienda que compartían en Funes. Tras ello, Andrés Daniel Piccoto, un amigo de la mujer, se encargó de desmembrar el cuerpo en 19 pedazos, sumergirlo en un tacho con cal y enterrarlo en una huerta comunitaria.

Rómbola, una gestora que entonces tenía 48 años, contó una vez detenida que su amigo trozó el cadáver con una amoladora y colocó los restos en un tambor con cal. Días después ella fingió ser empleada municipal y se presentó en una huerta comunitaria de Monteflores al 7200. Allí entregó los materiales para construir un horno para hacer pan y los beneficiarios de planes sociales que trabajaban en el lugar cavaron un pozo de dos metros de profundidad.

Al día siguiente Picotto enterró los restos de Godoy en esa fosa mientras simulaba trabajar en la obra. Los sepultó bajo una placa de cemento para “evitar el paso de humedad”. Y tenía previsto sellar la macabra historia bajo una segunda carpeta de material. Pero el crimen fue delatado por un llamado anónimo a la policía y seis días después del hecho Rómbola fue detenida cuando salía de su casa de Funes junto a Picotto.

La mujer, finalmente, confesó que había matado a su marido y se encontraron restos de sangre y cal en el baúl de su auto. La autopsia, practicada a los restos a los que había sido reducido el cuerpo de 120 kilos de Godoy, detectó dos balazos en el tórax y otro, letal, al corazón. En su descargo, la mujer manifestó que los tres tiros se dispararon durante un forcejeo. Dijo que en medio de una violenta pelea Adolfo la intimidó con un cuchillo en una mano y un revólver en la otra, hasta que ella le apretó con fuerza las muñecas y logró que soltara el cuchillo. Luego lo tomó de la mano que tenía el arma y esta se disparó.

Sin embargo, para la Justicia eso fue imposible. Godoy debería haber efectuado un movimiento imposible con la mano derecha para realizarse él mismo los tres disparos que le dieron muerte, principalmente el que le ingresó por detrás de la axila izquierda, algo difícil de hacer debido a lo robusto de su cuerpo. Así lo aseguró el fallo de la Cámara Penal que confirmó la sentencia de primera instancia dictada por el juez Luis Giraudo en base a las pericias y que desestimó la apelación presentada por los abogados de la mujer bajo el argumento de que el crimen fue en legítima defensa. Según los camaristas Rubén Jukic, Guillermo Fierro y Antonio Paolicelli, si se hubiera tratado de una reacción defensiva no hubiesen sido necesarias las retorcidas maniobras para ocultar el cuerpo.

Rómbola fue condenada a 12 años de cárcel, los que cumplía en la Unidad Penitenciaria 5 de Rosario, y Picotto, a una pena de 3 años de prisión en suspenso por encubrimiento ya que para la ley trozar un cuerpo muerto no es delito.


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