Angeles de la muerte de Lainz

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Angeles de la muerte de Lainz

Mensaje  maritoextranormal el Miér Ene 09, 2013 10:53 am

Enfermeras de la muerte Evil or Very Mad jocolor

Franz Xavier Pesendorfer es médico experto en gastroenterología. Hasta hace poco desempeñaba el cargo de director del pabellón 5, en el que se enfrentaba a diario con la muerte. En su sección eran más de 400 al año, el índice más alto de mortalidad en todo el hospital de Lainz, en la periferia sur de Viena. Fallecía uno de cada cuatro pacientes ingresados. Pero en 1985, el médico tuvo que vivir la más dolorosa de las muertes. La de su hermano, de 54 años, que llegó hasta el pabellón 5, ingresado privado, enfermo del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) y en estado terminal.

Durante meses, el médico intentó prolongar la vida de su hermano. Los dolores eran atroces, día y noche, Evil or Very Mad y los ahogos permanentes. A este hombre postrado le quedaba una última voluntad y un resto de energía para morir.Y Franz Pesendorfer posibilitó a su hermano una muerte digna. Una noche, en silencio, le inyectó Heptadon, que apacigua el sufrimiento, reduce el miedo y hace más lenta la respiración. En la mañana del 19 de agosto de 1985 terminaba el martirio. Por lo menos dos enfermeras, Stefanie Mayer e Irene Laidorf, habían presenciado o sabían de la muerte por compasión del hermano de su jefe. Ellas se encuentran desde la semana pasada en la cárcel de mujeres de Viena acusadas de haber asesinado al menos a 49 pacientes -junto a otras dos compañeras-, la mayoría ancianos y en la última fase de sus dolencias. Estas muertes fueron perpetradas con sobredosis de insulina, con el somnífero Rohypnol o ahogándolos con agua. Las acusaciones contra el doctor Pesendorfer provienen de las declaraciones citadas en el protocolo policial de la acusada Stefanie Mayer, quien asegura que Pesendorfer dio "una dosis mortífera de Penatol a su hermano". Ahora ha dicho que quiso reducir las torturas de su hermano y tomó el riesgo de acortarle la vida al inyectarle la medicación. Estas revelaciones serán publicadas en la revista austriaca Profil en su edición de mañana, y dan la vuelta a este caso criminal por las nuevas acusaciones que enfrenta el médico jefe del pabellón 5.

Se confirma la sospecha inicial de que las cuatro auxiliares de enfermería, los ángeles de la muerte, no actuaban independientemente: o bien trataron de seguir el ejemplo de su jefe, o se sentían inmunes y seguras en sus puestos por tener un elemento de chantaje contra Pesendorfer, al haber presenciado este supuesto golpe de gracia a su hermano agónico. Las enfermeras, al parecer, no quisieron distinguir entre la muerte por compasión y los crímenes brutales y a sangre fría perpetrados por ellas.

El escuadrón de la muerte compuesto por las cuatro auxiliares sanitarias, que en tiempos eran catalogadas como las más "eficientes" del servicio, fueron denunciadas a la policía por el doctor Pesendorfer. Habían actuado desde hacía siete años sin que nadie en el hospital pudiese al menos comprobar los asesinatos. Según el jefe de la seguridad de Viena, Max Edelvacher, "todos en el hospital habían escuchado los rumores".

Señal de alarma

La señal de alarma que confirmó antiguas sospechas fue la muerte inexplicable y repentina, hace dos semanas, de una paciente que se recuperaba en el pabellón 5. El resultado de la autopsia fue, según el informe del forense, "sobredosis de somníferos". Los agentes de seguridad arrestaron de inmediato a Irene Laidorf, María Gruber y a la jefa del grupo, Waltraud Wagner, todas menores de 30 años. Dos días más tarde se encuentra a la cuarta cómplice, Stefanie Fanny Mayer de 50 años.

Las confesiones sacadas de los interrogatorios que se prolongaban día y noche afirmaron que las primeras muertes ocurrieron en 1983. Fue Waltraud Wagner quien dijo a sus compañeras, después de inyectar la dosis fatal: "Así es mejor". Como respuesta, hubo un silencio. Meses más tarde ya actuaban coordinadas. Al comienzo era "una muerte cada tres meses" y en el último tiempo "tres veces al mes". Confirmaron primero 49 víctimas con nombres, y las confesiones contradictorias indican que habrían otros 20 muertos de los que no recuerdan la identidad.

La líder del grupo, Wagner, en un acto de rabia o venganza, involucró a la chilena refugiada en Austria Dora Ferrada Avendaño, de 38 años, que era compañera de trabajo del resto de las acusadas. Ferrada había denunciado sus sospechas hace ya un año a un médico de otro pabellón. Entonces Pesendorfer avisó a la policía, pero al ver que el resultado de la autopsia de la paciente Ana Urban no presentaba pruebas dejó de cooperar con la policía y en todo el pabellón 5 hubo una muralla de silencio por el que la policía no logró enterarse de la persona que comenzó con los primeros rumores.

Ferrada Avendaño estuvo dos noches en la cárcel de mujeres y fue dejada en libertad el jueves por la tarde. El diario sensacionalista Kronen Zeitung, que ha aumentado su tirada por este caso criminal, acusó a Ferrada antes de esperar el fallo del juez en el que se la absuelve de culpabilidad. Ahora la magistrada Birgit Kail será la encargada del caso.


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