Miyuki Ishikawa "partera del demonio"

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Miyuki Ishikawa "partera del demonio"

Mensaje  maritoextranormal el Miér Ene 09, 2013 11:20 am

En la década de los 40, Miyuki Ishikawa trabajaba como directora de la Maternidad del hospital Kotobuki en Tokyo, Japón. El número de bebés aumentaba en el hospital, y la ausencia de servicios sociales y la escasez de ingresos de los padres de los bebes, forzaron a la partera a hacer lo inimaginable. La demencial presión que Miyuki sentía la llevó a dejar morir centenares de infantes recién nacidos, creyendo que así les evitaría una vida de angustia.


Miyuki nació en 1897, en el pueblo de Kunitmi, dentro del distrito de Miyazaki. Realizó sus estudios superiores en la Universidad de Tokyo y tras graduarse entabló una relación con Takeshi Ishikawa, posteriormente contrajeron nupcias, pero su matrimonio no produjo hijos. Para ayudar en su hogar, Miyuki consiguió un empleo como directora en el ala de maternidad del hospital Kotobuki, lugar donde trabajaba asistiendo partos. En aquel tiempo Japón no reconocía aún la licenciatura sobre esta práctica. Durante su trabajo, Miyuki también revisaba los reportes hechos sobre los padres y sus antecedentes, así descubrió que muchos de ellos eran pobres y no tenían los ingresos suficientes para mantener una familia sin sufrir necesidades económicas.

Ante esta situación, la partera Ishikawa buscó la ayuda de organizaciones de caridad y servicios sociales, pero al no recibir respuesta positiva, Miyuki se encontró en un serio dilema moral. Su desesperación aumentaba en la medida que la lista de futuras madres crecía. Frente a este percance la comadrona Ishikawa halló una solución escalofriante, y pronto los bebés comenzaron a aparecer muertos. El número exacto de víctimas es desconocido, pero los casos confirmados indican que Miyuki asesinó por lo menos 103 recién nacidos.

Su modus operandi era negar el cuidado a los recién nacidos hasta que estos morían de hambre y sed o, agotados por los continuos llantos que les debilitaban, acababan muriendo sofocados. Esta repugnante práctica hizo que todas las matronas de la Maternidad del hospital Kotobuki presentaran su renuncia de inmediato. Mientras, Ishikawa comenzó con su ola de infanticidios; una vez que el bebé nacía ella lo abandonaba y por ende el bebé perecía ante la falta de cuidados. Sin embargo Miyuki no se detuvo y pronto comenzó un negocio de muerte con su esposo Takeshi, convenciendo a los padres de pagar alrededor de 4000 yenes, cantidad que no se comparaba a los gastos que representaría mantener a estos niños “no deseados”.

A cambio ella les libraría de la carga de forma permanente. Para el correcto funcionamiento de su macabro plan tenían de cómplice al doctor Shiro Nakayama, cuya labor era falsificar los certificados de defunción con ayuda de su asistente Kishi Masako de 25 años. Para cubrir sus acciones, los criminales dieron sobornos en las oficinas del barrio de Shinjuku. La carrera criminal de la Matrona Asesina terminó el 12 de enero de 1948, cuando 2 oficiales del Departamento de Policía de Waseda investigaron la casa de Nagasaki Ryutaro, persona que trabajaba para una funeraria.

Cerca de la vivienda de Ryutaro se encontraron 5 sospechosas cajas de madera. Tras interrogar al hombre de 54 años sobre las cajas, este reveló que provenían de la Maternidad del hospital Kotobuki y su trabajo era llevarlas al crematorio. Los oficiales arrestaron Ryutaro, una vez en la estación de Policía el hombre confesó que había hecho lo mismo con 30 cajas y que por cada bebé recibía la suma de 500 yenes. Tras realizar las autopsias en los infantes, descubrieron que no habían fallecido por causas naturales. Los bebés no tenían comida en sus estómagos, también sus pulmones mostraban síntomas de neumonía y sus cuerpos estaban desnutridos. Los investigadores concluyeron que la muerte de los infantes había sido intencional. En el juicio Miyuki se defendió culpando a los padres por irresponsables. La opinión pública estuvo de acuerdo con ella, aunque la novelista Yuriko Miyamoto (arriba) sostenía que tales actos son un tipo de discriminación.

Los oficiales arrestaron a la pareja el 15 de enero de 1948. Durante el interrogatorio se descubrió que Miyuki no les daba de beber leche, lo cual irritaba a los infantes y por su llanto constante morían sofocados o bien morían por hambruna. Después de que Miyuki y sus cómplices fueron ajusticiados, la Policía continuó investigando y pronto descubrieron 40 cuerpos esparcidos en el barrio de Shinjuku. También encontraron 30 cuerpos más en un templo, el estado de descomposición y la cantidad de restos que había, dificultaron la determinación del total de víctimas. Hasta el día de hoy se desconoce el número de muertos a manos de la Partera Infanticida.

Las autoridades clasificaron sus actos como crímenes de omisión, ley que justificaba las acciones de Miyuki. Por esta razón ella fue sentenciada a sólo 8 años de prisión, mientras que Takeshi, el doctor Nakayama y su asistente Kishi Masako recibieron 4 años de encarcelamiento por ayudar en los asesinatos. En 1952 la pareja apeló a sus sentencias y la corte superior de Tokyo revocó su tiempo en prisión por la mitad de la sentencia oficial. Este incidente permitió que el gobierno japonés considere legalizar el aborto, debido al número de infantes no deseados que nacían en Japón.

El 13 de julio de 1948 se creó la “Ley de protección contra el cuerpo de la madre”, norma que estableció en primera instancia el “Sistema Nacional de Exámenes para Matronas”. Un año más tarde, el 24 de junio de 1949, la ley de abortos por razones económicas fue legalizada bajo la supervisión de la “Ley de protección contra el cuerpo de la madre”.

Queda claro que las atrocidades cometidas por la Matrona Asesina trajeron un balance en el sistema de leyes y regulaciones japonesas. La sentencia de ocho años de cárcel reducida a cuatro fue ridícula, se estima que Miyuki dejó morir a entre 85 y 169 recién nacidos, aunque la cifra oficial es de 103, esto la convierte en la asesina en serie con mayor número de víctimas de Japón. Miyuki prácticamente quedó sin castigo gracias al vacío legal que existía en Japón, que no consideraba el abandono de un recien nacido como asesinato, únicamente la muerte directa estaba penada.

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